martes, 19 de junio de 2012

MOTIVAR PARA LA VIDA

La motivación puede ser producto de una pasión interna, pero también puede venir de una orden externa. Es decir, una persona puede hacer algo porque le da placer o porque sabe que será bueno para ella; pero también es posible que más que la actividad en sí, lo que persiga sea el efecto que generará en otras personas.

Existe una enorme diferencia entre que tu hijo ordene su cuarto porque sabe que el orden hace la vida más fácil, agradable y productiva, y que lo haga para evitar que mamá lo castigue. Del mismo modo, es muy distinto que un niño practique un instrumento musical todos los días porque le gusta su melodía, o tiene la meta personal de ser un buen músico, de que lo ejecute porque sus papás le van a dar un premio.

La motivación externa puede funcionar de manera temporal. Sin embargo, al desaparecer el premio o la amenaza del castigo, por ejemplo, cuando el niño crece y ya no está bajo el poder de sus padres es muy probable que también se desvanezca la motivación.

lograremos un efecto más duradero sobre la formación de nuestros hijos si en lugar de tomar el camino fácil del castigo y el premio nos damos el trabajo de conocerlos, descubrir sus motivaciones, ayudarlos a sacarles el máximo partido a estos intereses y permitirles investigar en distintas áreas.

¿Cómo puedo motivar a mi hijo en el día a día?
Una gran oportunidad para motivar a tus hijos surge cuando te enseñan orgullosos, algo que han hecho. Lo más fácil es responder espontáneamente, diciendo "qué lindo" sin haber mirado realmente lo que están mostrando. Es preferible darles toda tu atención en ese momento y entablar una conversación con el niño, enfocándote en las características de lo que ha hecho, en lugar de emitir un juicio de valor. De esta manera será menos probable que el niño se acostumbre a hacer cosas para complacer y ganarse ese "qué lindo" al que se le ha acostumbrado.

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